¿Cómo podríamos convertirnos hoy en valiosos músicos como lo fueron Beethoven, Mozart, Bach o Paganini? -Art. 13-

Publicado por Tiziana M en

¿Sería posible, o una aproximación? ¿Es demasiado ambicioso?

Desde pequeño, con formato infantil, me hice esa pregunta, con la mentalidad de cualquier niño que sueña “en grande” pero sin la experiencia suficiente para responderlo inmediatamente.

En el presente artículo intento contestarla en parte en esta introducción y en parte en los ítems más abajo, sin dejar de mencionar que deriva mayoritariamente de mi humilde experiencia personal complementado con el aprendizaje de experiencias de otros músicos antiguos y contemporáneos que considero de importancia. Por lo tanto, no enunciaré una “verdad”, sino un intento de aproximación a la misma, derivado de mi perspectiva individual como músico, y con la finalidad de motivar a pensar por uno mismo, de intentar aproximarse a la verdad mediante el pensamiento y la experimentación de la práctica.

El valor de los artistas del título (son solo unos pocos de tantos) es impresionante, incluso experimentando sin instrucción alguna, su música. Y el valor de sus trabajos reside en que al disponernos íntegramente a escuchar afectan de forma intensa nuestra mente y espíritu. La propia experimentación lo confirma, y hay más de un estudio científico sobre esto, sobre cómo afecta determinada música a oyentes sin instrucción musical, a oyentes músicos, a músicos al momento de ejecutar música con sus instrumentos, y de compositores. Es lógico que el nivel de intensidad mental se incrementa en el orden que mencioné, pero lo que me resulta más interesante, aunque parece muy obvio, es que afecta intensamente a los oyentes sin instrucción; por ello podemos decir que no es necesario saber música para poder disfrutarla. Reiterando, provocan experiencias internas que modifican nuestros estados de consciencia, activa nuestro cerebro operando mecanismos profundos que no acostumbramos a usar y algunos desconocidos. Esto trae por resultado un mayor uso del cerebro, nos permite tomar mejores decisiones, reprogramar nuestro inconsciente, recordar información que no logramos con otros métodos, mejorar los tiempos que nos toma recordar información, mejorar la velocidad y eficiencia de procesamiento de información, entre otras funciones. Y de manera curiosa encuentro otra función que en ninguna otra actividad humana veo con tanta intensidad, que es el provocar un estado de consciencia muy profundo que te motiva a accionar. Esto último lo considero más importante que su apariencia, porque más allá de la música, para evolucionar como especie necesitamos incrementar nuestra consciencia y accionar en coherencia; y la música así se convierte en esencial para nuestra evolución. No es mera casualidad que el conocido científico Albert Einstein fuera violinista y recurría a ejecutar su instrumento cuando no podía resolver un problema: “A menudo tocaba el violín en la cocina a altas horas de la noche, improvisando melodías mientras reflexionaba sobre problemas complicados. Entonces, de repente, decía ¡Lo tengo!”.    

Es oportuno preguntarnos ¿Por qué los músicos de nuestro tiempo no logramos crear y construir música nueva que trascienda en el tiempo, con la misma intensidad que las obras de algunos grandes compositores antiguos que perduran en nuestras mentes y culturas hasta hoy como las máximas expresiones artísticas musicales de la historia registrada, a pesar de la enorme ventaja de evolución tecnológica actual? ¿Perdimos inteligencia? ¿cómo pensaban esos músicos que actualmente ignoramos y no practicamos? ¿qué costumbres tenían? ¿Se esforzaban más que nosotros? ¿qué sucedía en sus mentes al momento de crear?

Debo señalar que no es posible enseñar a ser un artista, no es posible enseñar a crear porque es fruto de la experimentación individual del crecimiento interno, pero sí podemos encontrar en la información histórica características de los más valiosos artistas que pudieran darnos algunas pistas sobre los caminos que transitaron y sus mecanismos mentales, como forma de guiarnos; es una ventaja que pienso los antiguos no tuvieron, al menos en el mismo grado.

A continuación, plantearé algunas características que considero relevantes y pueden representar pistas, que nos motive a pensar y a tomar acción coherente.

A) Conocer la historia de la música

Conocer la historia de la música es elemento necesario para desarrollarnos como músicos. Si observamos los trabajos musicales producidos, vemos que comienza un incremento pronunciado de la creatividad desde el año 1.600 D.C. (conocido como el inicio del período Barroco), alcanzando su máximo punto, me atrevo a decir, en el año 1.824 con la presentación de la Sinfonía N° 9 de Beethoven, y no puedo no mencionar que en 1803 su tercera sinfonía también fue crítica para iniciar un cambio en la música. Dicha obra (la novena) significó un antes y un después en la música; varios estudiosos de la historia de la música lo afirman (y la prueba está escuchándola, sin necesidad de instrucción musical, reitero) y representó una enorme presión para los compositores de esa época y siguientes por el deber de continuar evolucionando la música. Aquella evolución intentó continuar, pero pareciera observarse desde ese momento, gradualmente una disminución de la creatividad, no volviéndose a producir música del mismo nivel de intensidad emocional; aunque suficientemente intensa por mucho tiempo más. Sin embargo, decreció hasta la actualidad, encontrando desde mediados del siglo XX, y más pronunciado los últimos años con una mayoría de música con poca o nada de profundidad (salvo escasas excepciones). La anterior afirmación puede chocar con la apreciación de muchos, porque desde 1950 hasta hoy encontramos música popular valiosa, pero si la comparamos con las obras antiguas de los grandes, quedan inevitablemente muy pequeñas; no dejan de ser valiosas por ello, pero pueden hacerlo mucho mejor profundizando más esa música, desarrollándola más. Pienso que hay mucho que podemos hacer para no solo acercarnos a esas grandes obras, sino también apoyarnos desde ese máximo nivel al que se llegó, aprovechando los avances que hicieron con la música unos grandes hombres, y continuar evolucionando la música desde ahí.

B) Tener el oído interno muy desarrollado

Los antiguos músicos (compositores e instrumentistas) generalmente tenían el “oído interno” muy desarrollado porque no existían la tecnología de grabación y para disfrutar de la música estaban obligados a crearla; y derivado de ello dominaban las posibilidades sonoras y las técnicas de todos o gran parte de los instrumentos para los que creaban su música. Esto generó que, por conocer y dominar todas sus herramientas de trabajo, pudieran crear y construir la mejor música posible. Esto les permitía con facilidad imaginar todas las posibilidades que ofrece cada instrumento y su combinación con los demás. A diferencia de hoy, normalmente con suerte tenemos dominio de posibilidades técnicas y sonoras de más de un instrumento, lo que nos limita la habilidad de imaginarnos toda la variedad de opciones con que contamos. Por ello, hoy generalmente los músicos crean para pequeños grupos de instrumentos, por carecer de las habilidades para crear obras más intensas.
La oportunidad aquí está en profundizar lo más posible el conocimiento sonoro y técnico de todos los instrumentos que nos interese usar. Almacenando en nuestra mente una “biblioteca” de todos los sonidos posibles con sus combinaciones, para que al momento de una idea podamos construirla automáticamente a velocidad con la parte inconsciente de nuestra mente, usando los sonidos justos que la misma requiera, convirtiéndose así en música; caso contrario continuaremos limitados para crear. La importancia de utilizar nuestra parte inconsciente, observándola y controlando desde nuestra parte consciente, radica en que la parte inconsciente procesa 11 millones de bits por segundos de información, mientras que la consciente un máximo de 55 bits por segundo en un cerebro promedio.

C) Saber cómo expresarse

Los grandes compositores antiguos supieron como expresar sus pensamientos, emociones y sentimientos más profundos en música

D) Miedo de creer que ya se inventó toda la música posible

Un problema del músico moderno es que encuentre cotidianamente que su idea musical es idéntica o muy similar a las de las grandes obras. Esto pienso que se debe a que dedicamos tanto tiempo y energía a estudiar el trabajo de los demás que no desarrollamos nuestro mundo interno para generar ideas nuevas, y por consiguiente, tampoco tenemos habilidades para desarrollar las ideas de los grandes hacia nuevas direcciones. Es oportuno citar a Albert Einstein nuevamente: “la imaginación es más importante que el conocimiento” dijo en una entrevista al diario Saturday Evening Post en octubre de 1929.
Es importante estudiar los trabajos de otros músicos, pero no en detrimento de las habilidades más importantes. Tal vez el miedo de creer que ya se inventó toda la música posible nos hace pensar que no hay lugar para música nueva. Este problema llevó, a mi entender, a crear música más simple y menos profunda, con objetivo de llegarle al público con mayor facilidad por el poco esfuerzo que requiere disfrutarla y entenderla. No está mal, pero pierde oportunidad de hacer mejores cosas con su tiempo, y sobre todo mucho más útiles para los demás (el público).  

E) Nivel de memoria, perseverancia en el trabajo y origen de las ideas

El gran Beethoven, debido a su creciente sordera desde adolescente, utilizaba cuadernos con los que se comunicaba con los demás, posteriormente conocidos como “cuadernos de conversación”. Representan un enorme valor porque podemos conocer en palabras del propio compositor cómo pensaba. En particular cito donde él intenta describir en breves palabras su proceso de creación musical. Podemos entender varias cosas de sus palabras:


“La música es una arquitectura de sonidos”.


“Llevo mis ideas conmigo mucho tiempo, a veces demasiado tiempo, antes de escribirlas. Tengo una memoria tan fiel que estoy seguro de no olvidar nunca. Aunque pasen años un tema que he concebido una vez. Cambio muchas cosas, las tiro y vuelvo a empezar tantas veces como haga falta hasta que quedo satisfecho. Entonces empieza en mi cabeza la elaboración a lo largo y a lo ancho, en altura y profundidad, y como tengo clara consciencia de lo que quiero, la idea que fermenta en el fondo no me abandona jamás. Sube, empuja, oigo y veo la imagen en todo su desarrollo, se alza ante mi espíritu como en una fundición, y ya no me queda más trabajo que ponerla por escrito, lo que va muy deprisa, según encuentro el momento, pues a menudo trabajo en varias cosas a la vez, pero estoy seguro de no enredarlas juntas. ¿me preguntais de dónde obtengo mis ideas? No puedo decirlo con certeza; surgen sin ser llamadas, inmediatamente o por etapas. Podría atraparlas con mis manos, en la naturaleza, en el bosque, paseando, en la calma de la noche, en la aurora; lo que las suscita es cierta disposición del espíritu, que se manifiesta en palabras en el poeta, y en mi con sonidos, resonando, ruidosas e impulsivas, hasta que al fín se convierten en música.”

De esas palabras se puede entender mucho, pero en esta oportunidad es necesario solo señalar pequeñas cosas para no perdernos.
Una primera observación que puedo hacer, contrastándola con otros datos sobre su persona, es que pareciera no priorizar la dedicación al proceso del lenguaje escrito en papel; también es sabido que no acostumbraba a utilizar el piano para componer, sino más bien que trabajaba íntegramente desde su mente (igual o similar que los restantes grandes compositores). Mientras que en la actualidad parecemos priorizar y “perdernos” en el mundo de las herramientas teóricas, en detrimento de desarrollar las habilidades esenciales para crear cuya única fuente (incluso fuente de toda la teoría) está en la experimentación de la realidad; mientras que las herramientas teóricas son un complemento. Cabe destacar que sí le daba importancia, pero solo la necesaria, para que la música en su mente y la ejecutada por los músicos no tengan diferencias. La partitura es una muestra parcial de la obra, no es la obra en si misma; es un buen medio de enlace entre la música de la mente y la música ejecutada por los músicos; un buen medio pero no el único ni suficiente para la tarea.  
Una segunda observación es el nivel de memoria que describe tener, algo poco común hoy. Con ese nivel, cualquier instrumentista intérprete podría asimilar en corto tiempo en su memoria todas las partituras con las que trabajará durante años, incluso sin la ayuda del instrumento. Esto representaría un salto en la productividad, y en su valor como instrumentista porque evitaría dispersar su atención en leer la partitura, y podría concentrarse en el sonido y la técnica instrumental.
Una tercera observación es la perseverancia en el trabajo, construyendo toda la arquitectura de sonidos en su mente que no tiene limitaciones pienso de ningún tipo, a diferencia de las limitaciones que trae crear desde los instrumentos (acotados por nuestras habilidades técnicas y el tiempo que lleva ejecutar el instrumento).  
Y la cuarta observación es el origen de sus ideas, cuya fuente aunque afirma que no sabe precisar, manifiesta que las despierta una cierta disposición del espíritu, un cierto estado mental puede considerarse; y se expresa en sonidos que se convierten en música. Podemos entender que cuando su consciencia ordena crear determinada música, busca en su inconsciente los sonidos justos necesarios para construirla y los ordena en una arquitectura (como menciono en el apartado B), mostrando el resultado ya armado a la mente consciente. Por este proceso pienso que Beethoven, o Mozart mencionaban que oían de repente una música ya armada en su mente de manera aparentemente instantánea. Algo que muchos músicos experimentamos de tanta práctica, y al alcance de todos.  

F) Tiempo, voluntad y disciplina

Los antiguos músicos disponían de más tiempo para cultivar sus habilidades, en consecuencia, ejercían una fuerza de voluntad y disciplina apreciablemente mayor que nosotros, y no se beneficiaron de la tecnología actual que les hubiesen multiplicado muchas veces sus resultados. Los antiguos eran contratados por reyes, aristócratas, familias adineradas, y dedicaban casi todo el tiempo a componer los que corrían con suficientes habilidades y suerte.

G) Mecanismos justos de intercambio de valor entre los artistas

Nuestro sistema social actual no posee mecanismos de intercambio de valor justos con los músicos. A causa de eso, el esfuerzo para ganar el dinero para vivir es enorme porque generalmente ningún intercambio de valor será justo para los músicos, está arraigada en la cultura esa desvalorización, y nos obliga a ejercer cualquier trabajo que nos permita sobrevivir en vez de dedicarnos a crear el mayor valor posible para los demás. Aquí la importancia que los músicos creemos nuevos mecanismos de intercambio de valor, coherentes a la cantidad y calidad de valor que creamos, eliminando todo lo posible de los intermediarios entre el público y nosotros, conectándonos de manera directa con las personas que les beneficie nuestro trabajo, que quieran que continuemos produciendo y desarrollándonos para hacer mejores cosas, y por consiguiente intercambiar valor. Una economía sincera donde las dos partes ganan lo que es justo, en sustitución de una economía donde el que gana lo hace por hacer perder a los demás. Esta última idea económica es conocida por “win-win” (del inglés “ganar, ganar”).     

Ya reconocimos la importancia de la música. Todos podríamos convertirnos en valiosos músicos si aplicamos el tiempo y la energía necesaria en la dirección adecuada. Tenemos algunas pistas sobre varios caminos que conducen a esos lugares. Va más allá de las habilidades de nacimiento porque todo se desarrolla, independientemente del punto de partida. También recordando que para producir y desarrollarnos necesitamos crear un intercambio justo coherente al valor que creamos para los demás. Y reiterando lo que mencioné en el apartado A), pienso que hay mucho que podemos hacer para no solo acercarnos a esos grandes músicos, sino también apoyarnos desde ese máximo nivel al que llegaron, aprovechando los avances que hicieron con la música, y continuar evolucionando la música desde ahí, “desde los hombros de gigantes”.

Agradecimientos: El artículo precedente fue escrito en colaboración por mi amigo y colega Juan Manuel Moyano, a quien agradezco mucho su aporte.


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