¿Cómo fue tocar en orquesta por primera vez?

Publicado por Tiziana M en

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Recuerdo cómo fue tocar en orquesta por primera vez, esa sensación de no entender nada, de pensar que todos tocaban mejor que vos, de perderte en la cuenta de compases y seguir el ritmo como uno podía.

Ir al primer ensayo es una fecha muy importante

La percepción que uno tiene de sí mismo, al menos en mi caso, siempre es peor de cómo es verdaderamente en la realidad. Pensas que tocas feo y que todos lo van a notar, que van a estar fijándose cómo toca “la nueva”. La verdad es que en los comienzos todos somos estudiantes y cada uno está haciendo lo que puede. Claramente así era mi percepción en aquel entonces, y la de cada cual va a ser distinta. Todos sentimos un poco de temor/pudor cuando es la primera vez en una experiencia nueva. Es la incertidumbre de no saber lo que va a pasar, y en este caso lo mejor es seguir adelante, pese al miedo que se pueda llegar a tener.

La primera vez que toqué en orquesta

Tenía 10 años, y hacía unos meses que empezaba a tocar el violín. Yo sabía música desde mucho antes, y leer a primera vista siempre me resultó sencillo, pero el hecho de estar expuesta con otros compañeros y con el director, y además con un instrumento que no dominaba bien, era algo desafiante.

Me acuerdo que me habían dado las partes de 3er violín 😋. Eran básicamente todas redondas y blancas, con algunas negras y muy rara vez aparecían algunas corcheas. Al comienzo para la adaptación estuvo bien, pero al poco tiempo fue un embole jajja. Tocábamos arreglos simplificados de obras clásicas más complejas, y también de música de películas (nuestras favoritas) y algunas populares y folklóricas. Como no me gustaba mucho socializar en aquel entonces, el hecho de tener que compartir con algunos compañeros molestos no me simpatizaba mucho, pero de a poco me fui adaptando y acostumbrando.

Comenzando a ensayar

El primer ensayo me perdí un par de veces al seguirle la mano al director. Aunque los ritmos eran sencillos, era todo tan nuevo y era tanta la información para procesar que también me desencontraba en la partitura. Ahora no tocaba yo sola o con un piano, ahora éramos muchos instrumentos sonando en conjunto, y un nuevo universo sonoro se abrió. Escuchar una orquesta desde afuera como espectador es una cosa, pero estar tocando adentro es otra muy distinta. No sólo tenés que seguir tu parte y escucharte a vos mismo; sino que también estás escuchando a todos los demás violines de tu fila y los demás instrumentos que están cada uno con su parte, sin contar el tener que mirar al director que es nuestra guía.

La parte de acostumbrarme a escuchar la masa sonora vino sola y naturalmente, más al ser uno todavía un niño. Tal vez acostumbrarme a mirar las indicaciones del director y seguirlo fue la que más extraño me pareció al principio.

Me acuerdo que los demás violines e instrumentos de cuerdas tocaban en fila (o sea varias personas tocan la misma parte), pero yo era la única que tenía la parte de violín 3. O sea que además de ser mi primer día estaba sola y no podía seguir a otros compañeros más avanzados, aunque esto creo que me benefició porque no me acostumbré a seguir de oído a los demás. Me vi obligada a resolver la partitura yo sola sin haberla escuchado previamente, y así pude entrenar más la lectura a primera vista. Tenía que sí o sí resolver rápidamente todo lo que estaba leyendo… Podés trabarte, pero la música sigue, y no te van a esperar. Tenés que engancharte donde puedas y volver a unirte a la orquesta.

Tips para tocar en orquesta

Ese primer día recuerdo que estaba nerviosa y no quise comer nada, pero la experiencia luego no fue tan terrible como mi mente la había imaginado, y no pasé papelones, así que regresé un poco más relajada a mi casa y con muuucha hambre. Fueron pasando los ensayos y ya me fui acostumbrando a todo:

  • afinar en conjunto cuando nos pasaban el LA,
  • seguir al director cuando nos marcaba el compás, indicaciones de matices y cambios de pulso,
  • escuchar a todos los instrumentos sonando en conjunto,
  • escucharme a mí misma sonando en ese conjunto. Comprender que tenía que adaptar mi sonido a esa masa sonora (no tocar tan fuerte como para sobresalir y que se me escuche a mí sola, ni tampoco tocar tan bajito y que no se oiga nada de lo que tocaba)
  • aprender que si uno se pierde no pasa nada en los primeros ensayos. Lo más importante es tener la capacidad de poder engancharte rápidamente
  • leer anticipadamente: no podemos leer en exactamente el mismo segundo de tiempo en que miramos al director. Tampoco en el mismo momento en que tocamos, ya que llegaríamos tarde. Nuestro cerebro tiene que leer entonces unos compases por adelantado de lo que está sonando en ese mismo instante. Así puede llegar a tiempo con la información ya procesada y sin ninguna sorpresa ya que lo previó leyéndolo antes. Y lo mismo pasa con mirar al director. Si ya sabés lo que tocás podes verlo tranquilo y así alejas la mirada de la partitura sin ningún inconveniente.

A medida que fue pasado el tiempo…

Todo se hizo cada vez más cómodo y conocido. Fui tomando más seguridad en mí misma y en lo que era capaz de tocar. Ahora puedo decir que tocar en orquesta es una experiencia maravillosa (aunque muchas veces cuando era chica rezongué). Es algo que la mayoría de los músicos podemos disfrutar tomando como objetivo el hacer música en conjunto y disfrutar el sonido, dejando de lado los egos que entorpecen muchas veces este camino.


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